부산 (Busan)

Similitudes entre España y Corea: la capital y la segunda ciudad más importante están a unas 2,5-3 horas en tren de alta velocidad. Diferencias entre España y Corea: el AVE cuesta 120 €; el KTX, 30.

Siendo así, este finde nos hemos hecho una escapadita a Busan. Acabamos de cumplir dos semanas en Corea, y deberíamos estar dedicándonos a montar nuestra vida en Seúl (conocer gente y lugares), pero el buen tiempo va a durar poco y queríamos aprovechar para ver el mar y la playa con un poquito de sol y calor.

En pocas palabras, Busan es un puerto enorme (no en vano recibíamos desde allí algunas de las piezas para nuestro querido Family Tech), con 3 millones de personas hacinadas alrededor. Hay que decir que tiene algunos rincones bonitos, y que como en las grandes ciudades en Corea, el ambiente es inmejorable.

Llegamos allí el viernes a última hora, y en cuanto bajamos del metro en la parada de nuestro hostal supimos que no nos íbamos a aburrir. Calles repletas de restaurantes y bares esperaban a que dejásemos nuestras cosas y bajásemos de nuevo a explorarlas. Para cenar, a lo fácil: restaurante con carta en inglés. Y aún así, nos tocó la primera novatada. Consejo gratuito número 1: si ves algo en la carta de un restaurante coreano que te parezca caro, no te confundas, probablemente sirva para alimentar a toda una familia. Después de la panzada, una ronda de somek y a otra cosa.

El sábado “madrugamos” para ir al principal templo budista, al norte de la ciudad. 버머사 (Templo del Pez del Nirvana) es un conjunto de pequeñas construcciones que se agolpan en la ladera de un monte. El viaje en metro y bus merece la pena: un precioso paraje salpicado de tejados y puertas decoradas con el colorido típico del estilo budista coreano.

Y de la montaña directos a la playa. Haeundae (해운대) es una de las zonas más turísticas de Busan. Zona de relax durante el día, de lujo durante la tarde y de marcha por la noche. Destacan los impresionantes bloques de apartamentos que dominan la playa (y gran parte de la ciudad) desde un extremo de la misma. Al otro extremo, espacio para construcciones más modestas, y multitud de restaurantes en los que atiborrarse a pescado.

Después de un largo paseo, fuimos capaces de hacer hueco para un delicioso capuccino que degustamos mientras hacíamos fotos al impresionante puente que cruza una de las bahías. Es una infraestructura al más puro estilo coreano: una carretera de circunvalación por el medio del mar, en vez de rodear el barrio por el interior. Porque ellos lo valen.

El día no dio para mucho más, pero aún quedaba noche para un poco más de somek. Por cierto, esto es lo que pasa en Busan cuando pides dos cervezas. Con su correspondiente tapita de pescado seco.

El somek nos ayudó a dormir como campeones y retomar fuerzas para la pateada del domingo. Mercado del pescado (en todas las formas imaginables) y parque con muchas cuestas, un par de templitos y un montón de gente con sus pedazo cámaras a cuestas (no hay muchas fotos porque nos daba vergüenza sacar las nuestras).

No sabría decir cuál es el principal atractivo de Busan, pero desde luego hemos pasado un fin de semana fantástico. Por si alguien está interesado, el año que viene volveremos allí por estas fechas, coincidiendo con el festival de cine. ¿Quién se apunta?

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